jueves, 4 de diciembre de 2014

Se acabó la magia

No sabía nada del fútbol hasta que vi por primera vez un partido de Iván Zamorano jugando para el Real Madrid. Tenía apenas cuatro años y no comprendía absolutamente nada de lo que pasaba en ese momento. Incluso me sentía culpable de cualquier derrota de Bam-Bam, quizá por culpa de esa inocencia propia de cada niño, esa que nos hace tener esperanza (todavía) de poder mejorar un poquito más el mundo.

Qué cosa más linda que correr detrás de una pelota aunque no haya nada. Ni arcos, ni tribunas, ni gente, ni focos. Muchas veces incluso cambié el balón por una lata de bebida en el colegio. Y corrí tras ella como si no tuviera otro fin en la vida. Nunca quise intentar ser futbolista profesional. No era ni soy bueno con la pelota en los pies, sí un poco más con ella en las manos, tratando de evitar que la pelota entrara al pórtico. Un arquero es una suerte de anti-héroe en este juego, pero esa es harina de otro costal.

Por eso opté por el periodismo de deportes: por estar más cerca del fútbol, quizá lo que más me gusta y probablemente a lo que le dediqué más tiempo en mi vida. Pero nunca antes vi menos fútbol que ahora, que en teoría vivo de esto. Idas al estadio hay una o dos veces a la semana. A veces ninguna. El resto del tiempo es para preocuparse de qué dice uno, de cómo le responde el otro, de qué lesión tiene el centrodelantero goleador de cualquier equipo, de cuánto dinero faltó para fichar al volante querido por 10 de los 20  participantes en la división. Básicamente el mensaje es dividir. Discriminar por el color de camiseta, banderín o insignia. Crear rivalidad, quizá la mayor de las enfermedades que ha producido el ser humano desde su existencia.

Los mensajes de los medios son crueles. Somos crueles. "El partido ante Unión La Calera será una guerra", dijo José Rojas, capitán de la Universidad de Chile. Probablemente me dirán exagerado. Yo les daré la razón, pero lo único que se consigue hacer con frases como esta es generar rupturas. ¿Cuántas fechas se formó la discusión del juego de Colo-Colo como mejor que el de la U? Conozco gente que dejó de hablarse por una discusión de "fútbol". Más encima cuando los periodistas nos encontramos con una frase como la del Pepe, de quien no tengo mala opinión ni considero malintencionado, nos alegramos porque "calentó algo la previa".

Después de terminar el día, en el que pasé una hora pegado al portón del Estadio Monumental por cada año universitario que estudié, me doy cuenta de que la estadía en este mundo está llena de contradicciones. Estoy "cerca" del fútbol, pero casi ni veo partidos. Odio que la gente no perciba que la están cagando segundo tras otro, pero trabajo reporteando la actividad que más idiotiza a las personas. Y sentir que tu contribución profesional no es otra que esa, colaborar en la estupidización de la sociedad, resulta complejo de sobrellevar. Si supiera cómo, probablemente no estaría escribiendo esto.

Llegué a un nivel de desencanto total. Ya no voy al estadio si no es por pega, ni veo fútbol después de salir del trabajo. Hace unos años (4-5) no dejaba pasar ningún partido, así fuera de la liga griega. Hoy no. Hasta la Champions League dejo pasar. Y me importa u n rábano llevar apenas tres años haciendo esto, no se necesita comer caca 60 veces para saber que no hará bien.

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